miércoles, 29 de agosto de 2007

"Ciudad SACER" Capítulo 0. Por Darío Yancán





El presente cuento, no pretende ser más que una interferencia en nuestra anmistiante conciencia, ante la marginalidad, la discriminación y la segregación social. Están convidados...






Un grupo comando atacó un country de Guernica.

Un grupo comando integrado por al menos ocho individuos

fuertemente armados atacó el exclusivo country San Teseo, en el
partido bonaerense de Guernica, y tomaron dinero en efectivo,
joyas, equipos de música, armas y otros objetos de valor.

El episodio ocurrió en la madrugada del domingo pasado, que
recién se conoció hoy, en el country ubicado en el kilómetro 65 de
la ruta provincial 5, al sur del Conurbano bonaerense, y para
ingresar, los atacantes redujeron a tres empleados de seguridad
privada, tras lo cual se dirigieron a las casas donde amenazaron a
sus ocupantes y tomaron lo necesario.






PRÓLOGO


El día en que se dio por finalizada la mudanza pudieron respirar aliviados, sentían haber dejado atrás la amenaza. No solamente ellos, también lo sentían el grueso de los auto-exiliados urbanos, caracterizados miembros de la nueva clase pudiente beneficiaria del modelo social y económico imperante en el territorio.

Las mudanzas tenían una clara orientación: huir de las concentraciones urbanas, de los sitios de intercambio y visión de los abismos sociales, de la calles con autos a más de treinta km./h, de las paredes con afiches de publicidad barata y campañas impositivas, de la humanidad variopinta y de los zombis recorriéndolo todo al caer el atardecer.

La gran mayoría disfrazaba la huida al bucolismo extramuros de un renacer puro, inmáculo, capaz de crear una microsociedad étnica y económicamente nueva, pura y homogénea. Sólo los mantenía en contacto con los centros urbanos la residencia comercial de sus oficinas. Se alimentaban de los recursos de las concentraciones urbanas que tan empeñosamente denostaban. Usufructuar sus dineros, hasta secarlos, a la Comuna y sus habitantes, vivir de lo producido por ellos para luego negarlos y venderles.

El rostro patetizante de la parasitación. Si quiera se llevaban sus excrementos, los cuales eran eyectados minuciosamente antes de la partida diaria al campo.

Nada de las concentraciones urbanas y sus gérmenes sería importado al nuevo territorio.

Cada autopista, cada puesto de control, cada pórtico de acceso se debería trasformar en garante de inmunidad de la nueva vida que con tanto esfuerzo y dinero y culturización les estaba costando crear. Cada uno de los nuevos ciudadanos tenían la obligación de “armase” en defensa del nuevo estilo de vida confortable, derecho y humano.

Una profunda escinción apuntalada por las barreras, las cercas y servicios de vigilancia, adquirió una nueva dimensión, una nueva presencia diaria dada la eficiencia que les era exigida para mantener fuera lo indeseable.
Aquella escinción similar a los puestos frontetizos.
Aquella escinción similar al muro entre Mejico-EE.UU.
Los de allá, los im-pertinentes, los extraños que ponen en debate la nueva centralidad, la nueva estructura jeráquica, sólo deben acercarse hasta una cierta distancia de nuestros límites. Las fronteras internas parcelan los suelos, las gentes y las legislaciones.
Estados Soberanos dentro de Estados Nación en franca demolición.
Lo periférico, lo epidérmico se coloca en el centro del interés. La delgada línea que separa y une. Ese sutil territorio donde se confrontan el derecho sectario y el viejo discurso del interes general, resabio de lo que algún día fue una sociedad .
Algo se ha creado, un nuevo territorio sin superficie donde habita lo que se desea negar, habita la negación, la negatividad del otro. Un cuasi no lugar donde cuanto más vacio se halle más habitado está. Las fronteras del país de la negación. Una zona de exclusión cuyo sentido de ser es el estar perfectamente inhabitado y donde su mayor preocupación, ahora, era lo exterior.

1 comentario:

Paula dijo...

Dario, buenisimo !! impecable relato.